Google Antigravity en Linux: una crítica tras su grave impacto en el rendimiento del sistema

Un editor prometedor que termina decepcionando
Para empezar, Google Antigravity parecía una alternativa potente para el desarrollo con IA en Linux. Sin embargo, tras varias jornadas de trabajo intensivo, los problemas de rendimiento han resultado demasiado graves. Además, los bloqueos del sistema ocurren incluso cuando los recursos parecen normales. Por eso, esta crítica analiza por qué el editor sigue siendo un riesgo para la estabilidad del sistema.
Un letargo sistemático que arruina la experiencia
En primer lugar, el comportamiento del sistema al cerrar Antigravity es siempre el mismo. Durante las primeras horas todo funciona con normalidad. Aun así, cuando el usuario cierra el editor, el equipo entra en un letargo profundo. Debido a esto, el cursor apenas responde y las aplicaciones tardan varios segundos en abrirse. Finalmente, el apagado se retrasa más de lo habitual, mostrando que algo interno ha fallado de forma grave.
Dirty pages: el origen técnico… pero no la solución real
Para entender el problema, conviene revisar el funcionamiento de las dirty pages. Por un lado, Linux almacena en RAM los datos que deben escribirse al disco. Por otro lado, Antigravity produce una cantidad exagerada de escrituras temporales. Por eso, el sistema acumula varios gigabytes de dirty pages tras unas horas de trabajo. Aunque esto explica el letargo, no resuelve lo que ocurre después.
Ajustar los parámetros del kernel no evita el bloqueo
A continuación se aplicaron todos los ajustes recomendados. Se redujo vm.dirty_ratio para limitar la acumulación. También se ajustó vm.dirty_background_ratio para forzar escrituras más frecuentes. Además, se monitorizó el sistema durante varias sesiones largas. Sin embargo, el problema persistió. Aunque el sistema acumula menos datos, el bloqueo aparece igual cuando Antigravity sincroniza su estado interno.
Un problema más profundo que afecta al subsistema de I/O
Luego se observó que el letargo sigue ocurriendo aunque las dirty pages sean menores. En cada cierre, el editor dispara un proceso de sincronización que bloquea el disco. Debido a esto, el load average sube de forma drástica. Como resultado, el sistema entra en I/O wait continuo. Además, la interfaz gráfica se congela durante varios minutos. Por todo esto, el problema no es solo la cantidad de datos, sino cómo Antigravity gestiona su escritura final.
Comportamientos cuestionables que agravan la situación
Además del problema de rendimiento, Antigravity presenta comportamientos que generan dudas. En varias ocasiones solicita claves SSH sin acción del usuario. También realiza análisis y operaciones de Git sin permiso explícito. Igualmente, crea una cantidad desproporcionada de archivos temporales. Por eso, aunque sea un editor prometedor, su diseño actual resulta poco adecuado para equipos Linux que buscan estabilidad.
Las alternativas funcionan mejor en entornos reales
Después de varias pruebas, resulta evidente que Antigravity no está listo para un entorno profesional. Mientras tanto, otras herramientas funcionan sin generar problemas. VS Code mantiene un rendimiento estable. Cursor gestiona la IA sin bloquear el sistema. Codeium ofrece asistencia rápida sin saturar el disco. Debido a esto, elegir Antigravity supone aceptar un riesgo innecesario para el desarrollo diario.
Conclusión: un editor con potencial, pero inusable en Linux hoy por hoy
En conclusión, Google Antigravity ofrece ideas interesantes, pero su impacto negativo en Linux es demasiado grande. Aunque se han aplicado ajustes avanzados del kernel, el letargo persiste. Además, el editor sigue realizando operaciones agresivas que saturan el sistema. Por todo ello, la experiencia final resulta frustrante e improductiva. Hasta que los desarrolladores solucionen estos problemas, Antigravity no debería usarse en entornos Linux que requieran estabilidad.
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